Preguntas por categoría
Inicia la simulación, se van a generar preguntas aleatorias según el simulador que hayas seleccionado.
Cada pregunta cuenta con cuatro opciones de respuesta y sólo podrás seleccionar una alternativa por pregunta o no seleccionar ninguna.
Recuerda que tienes un tiempo determinado para finalizar el intento. Cuando estes seguro haz clic en finalizar simulación.
Visualiza el puntaje obtenido, tus respuestas y la solución. Si gustas vuelve a intentarlo nuevamente.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
1984 es una novela futurista que tiene lugar en una sociedad totalitaria. Los ciudadanos de esta sociedad son controlados por una figura omnipresente conocida como el Gran Hermano. En el siguiente apartado, un miembro defensor del orden le explica al protagonista el principal propósito del régimen.
No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente.
Tomado de: Orwell, George. 1984. Barcelona: Ediciones Destino. 2008.
RESPONDA LAS PREGUNTAS ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Nadie es justo por voluntad, sino porque no tiene el poder de cometer injusticias. Esto lo percibiremos
mejor si nos imaginamos las cosas del siguiente modo: demos tanto al justo como al injusto el poder
de hacer lo que cada uno de ellos quiere, y a continuación sigámoslos para observar hasta dónde lo
lleva a cada uno el deseo. Entonces, sorprenderemos al justo tomando el mismo camino que el
injusto, siguiendo sus propios intereses, lo que toda criatura persigue por naturaleza como un bien,
pero que la fuerza de la ley obliga a abandonar para seguir el camino del respeto por la igualdad.
El poder del que hablo sería efectivo al máximo si aquellos hombres adquirieran una fuerza tal como
la que se dice que cierta vez tuvo Giges, el antepasado del lidio. Giges era un pastor que servía al
entonces rey de Lidia. Un día sobrevino una gran tormenta y un terremoto que rasgó la tierra y
produjo un abismo en el lugar en que Giges llevaba el ganado a pastorear. Asombrado al ver esto,
descendió al abismo y halló, entre otras maravillas que narran los mitos, un caballo de bronce, hueco
y con ventanillas, a través de las cuales divisó adentro un cadáver de tamaño más grande que el de
un hombre, según parecía, y que no tenía nada, excepto un anillo de oro en la mano. Giges le quitó el
anillo y salió del abismo. Ahora bien, los pastores hacían su reunión habitual para dar al rey el informe
mensual concerniente a la hacienda, cuando llegó Giges llevando el anillo. Tras sentarse entre los
demás, casualmente volvió el engaste del anillo hacia el interior de su mano. Al suceder esto, se tornó
invisible para los que estaban sentados allí, quienes se pusieron a hablar de él como si se hubiera ido.
Giges se asombró, y luego, examinando el anillo, dio vuelta al engaste hacia afuera y tornó a hacerse
visible. Al advertirlo, experimentó con el anillo para ver si tenía tal propiedad, y comprobó que así era:
cuando giraba el engaste hacia adentro, su dueño se hacía invisible, y cuando lo giraba hacia afuera,
se hacía visible. En cuanto se hubo cerciorado de ello, maquinó el modo de formar parte de los que
fueron a la residencia del rey como informantes y, una vez allí, sedujo a la reina y, con ayuda de ella,
mató al rey y se apoderó del reino.
Por consiguiente, si existieran dos anillos como el de Giges y se diera uno a un hombre justo y otro a
uno injusto, ninguno perseveraría en la justicia ni soportaría abstenerse de bienes ajenos, cuando
podría tanto apoderarse impunemente de lo que quisiera del mercado, como, al entrar en las casas,
acostarse con la mujer que prefiriera, y tanto matar a unos como librar de las cadenas a otros, según
su voluntad, y hacer todo como si fuera igual a un dios entre los hombres. En esto, el hombre justo
no tendría nada de diferente del injusto, sino que ambos marcharían por el mismo camino. E incluso,
se diría que esto es una importante prueba de que nadie es justo, si no es forzado a serlo, por no
considerarse a la justicia como un bien individual, ya que allí donde cada uno se cree capaz de cometer
injusticias, las comete. En efecto, todo hombre piensa que la injusticia le brinda más ventajas
individuales que la justicia, y está en lo cierto, si habla de acuerdo con esta teoría.
Tomado de: Platón IV, D. (1986). República, Traducción y notas de C. Eggers Lan, Madrid, Gredos.
De acuerdo con el texto, ¿con qué propósito el autor introduce el relato sobre el anillo de Giges?
Promover en la audiencia la idea de que es más ventajoso para el bien común seguir el
camino de la injusticia; pues, el caso de Gieges muestra cómo éste obtuvo beneficios
injustamente gracias al anillo.
Convencer a la audiencia de que todo hombre cometerá injusticias cuando tenga la
oportunidad; pues, como ilustra el caso de Giges, este cometió injusticias una vez
descubrió el poder del anillo.
Reforzar en la audiencia la idea de que todos cometemos injusticias; ya que el caso de
Giges ilustra cómo las personas aparentemente justas en realidad cometen grandes
injusticias.
Persuadir a la audiencia de que actuar justamente requiere mucha fuerza de voluntad; ya
que, como lo muestra el caso de Giges, la tentación derivada del poder del anillo doblegó
su voluntad.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Nadie es justo por voluntad sino porque no tiene el poder de cometer injusticias. Esto lo percibiremos mejor si nos imaginamos las cosas del siguiente modo: demos tanto al justo como al injusto el poder de hacer lo que cada uno de ellos quiere, y a continuación sigámoslos para observar hasta dónde lo lleva a cada uno el deseo. Entonces sorprenderemos al justo tomando el mismo camino que el injusto, siguiendo sus propios intereses, lo que toda criatura persigue por naturaleza como un bien, pero que
la fuerza de la ley obliga a seguir el camino del respeto por la igualdad.
El poder del que hablo sería efectivo al máximo si aquellos hombres adquirieran una fuerza tal como la que se dice que cierta vez tuvo Giges, el antepasado del lidio. Giges era un pastor que servía al entonces rey de Lidia. Un día sobrevino una gran tormenta y un terremoto que rasgó la tierra y produjo un abismo en el lugar en que Giges llevaba el ganado a pastorear. Asombrado al ver esto, descendió al abismo y halló, entre otras maravillas que narran los mitos, un caballo de bronce, hueco y con ventanillas, a través de las cuales divisó adentro un cadáver de tamaño más grande que el de un hombre, según parecía, y que no tenía nada excepto un anillo de oro en la mano. Giges le quitó el anillo y salió del abismo. Ahora bien, los pastores hacían su reunión habitual para dar al rey el informe mensual concerniente a la hacienda, cuando llegó Giges llevando el anillo. Tras sentarse entre los demás, casualmente volvió el engaste del anillo hacia el interior de su mano. Al suceder esto se tornó invisible para los que estaban sentados allí, quienes se pusieron a hablar de él como si se hubiera ido. Giges se asombró, y luego, examinando el anillo, dio vuelta al engaste hacia afuera y tornó a hacerse visible. Al advertirlo, experimentó con el anillo para ver si tenía tal propiedad, y comprobó que así era: cuando giraba el engaste hacia adentro, su dueño se hacía invisible, y cuando lo giraba hacia afuera, se hacía visible. En cuanto se hubo cerciorado de ello, maquinó el modo de formar parte de los que fueron a la residencia del rey como informantes y, una vez allí, sedujo a la reina y con ayuda de ella mató al rey y se apoderó del reino.
Por consiguiente, si hubiese dos anillos como el de Giges y se diera uno a un hombre justo y otro a uno injusto, ninguno perseveraría en la justicia ni soportaría abstenerse de bienes ajenos, cuando podría tanto apoderarse impunemente de lo que quisiera del mercado, como, al entrar en las casas, acostarse con la mujer que prefiriera, y tanto matar a unos como librar de las cadenas a otros, según su voluntad, y hacer todo como si fuera igual a un dios entre los hombres. En esto, el hombre justo no haría nada diferente del injusto, sino que ambos marcharían por el mismo camino. E incluso se diría que esto es una importante prueba de que nadie es justo si no es forzado a serlo, por no considerarse a la justicia como un bien individual, ya que allí donde cada uno se cree capaz de cometer injusticias, las comete. En efecto, todo hombre piensa que la injusticia le brinda más ventajas individuales que la justicia, y está en lo cierto, si habla de acuerdo con esta teoría.
Tomado de: Platón IV, D. (1986). República, Traducción y notas de C. Eggers Lan, Madrid, Gredos
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
En nuestra sociedad, se tiende a pensar que el matrimonio, la base de la familia, se sostiene si hay confianza mutua y buena comunicación, así como si ambos miembros de la pareja trabajan unidos para resolver los conflictos y pasan tiempo juntos. En resumen, su piedra angular es un amor maduro y sincero. No obstante, la idea de que este deba ser la razón última del enlace es bastante reciente: aparece en el siglo XVIII y se afianza en el XIX, con el movimiento romántico. Hasta entonces, el matrimonio era ante todo una institución económica y política demasiado trascendente como para dejarla en manos de los dos individuos implicados. En general, resultaba inconcebible que semejante acuerdo se basara en algo tan irracional como el enamoramiento. De hecho, no se inventó ni para que los hombres protegieran a las mujeres ni para que las explotaran. Se trataba de una alianza entre grupos que iba más allá de los familiares más cercanos o incluso los pequeños grupos.
Para las élites, era una manera excelente de consolidar la riqueza, fusionar recursos y forjar uniones políticas. Desde la Edad Media, la dote de boda de la mujer constituía el mayor ingreso de dinero, bienes o tierras que un hombre iba a recibir en toda su vida. Para los más pobres, también suponía una transacción económica que debía ser beneficiosa para la familia. Así, se solía casar al hijo con la hija de quien tenía un campo colindante. El matrimonio se convirtió en la estructura que garantizaba la supervivencia de la familia extendida, que incluye abuelos, hermanos, sobrinos… Al contrario de lo que solemos creer, la imagen del marido trabajando fuera de la casa y la mujer haciéndose cargo de la misma es un producto reciente, de los años 50. Hasta entonces, la familia no se sostenía con un único proveedor, sino que todos sus integrantes contribuían al único negocio de la que esta dependía.
Que el matrimonio no se basara en el amor no quiere decir que las personas no se enamoraran. Sin embargo, en algunas culturas se trata de algo incompatible con el matrimonio. En la China tradicional, por ejemplo, una atracción excesiva entre los esposos era tenida como una amenaza al respeto y solidaridad debida a la familia. Es más, en tal ambiente, la palabra amor solo se aplicaba para describir las relaciones ilícitas. Fue en la década de 1920 cuando se inventó un término para designar el cariño
entre cónyuges. Una idea tan radicalmente nueva exigía un vocabulario especial.
Aún hoy, muchas sociedades desaprueban la idea de que el amor sea el centro del matrimonio. Es el caso de los fulbes africanos, del norte de Camerún. “Muchas de sus mujeres niegan vehementemente cualquier apego hacia el marido”, asegura Helen A. Regis, del Departamento de Geografía y Antropología de la Universidad Estatal de Luisiana. Otras, en cambio, aprueban el amor entre esposos, pero nunca antes de que el matrimonio haya cumplido su objetivo primordial.
Adaptado de: Sabadell, Miguel Ángel (2013). “Líos de familias”. En: Muy Interesante, No. 384, pp. 72-76.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN

PRIMERA MEDITACIÓN (…) Con todo, debo considerar aquí que soy hombre y, por consiguiente, que tengo costumbre de dormir y de representarme en sueños las mismas cosas, y a veces cosas menos verosímiles, que esos insensatos cuando están despiertos. ¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar, por la noche, que estaba aquí mismo, vestido, junto al fuego, estando en realidad desnudo y en la cama! En este momento, estoy seguro de que yo miro este papel con los ojos de la vigilia, de que esta cabeza que muevo no está soñolienta, de que alargo esta mano y la siento de propósito y con plena conciencia: lo que acaece en sueños no me resulta tan claro y distinto como todo esto. Pero, pensándolo mejor, recuerdo haber sido engañado, mientras dormía, por ilusiones semejantes. Y fijándome en este pensamiento, veo de un modo tan manifiesto que no hay indicios concluyentes ni señales que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia, que acabo atónito, y mi estupor es tal que casi puede persuadirme de que estoy durmiendo. Tomado de: Descartes, R. (1982). Meditaciones filosóficas. Anagrama, Madrid.
Si suponemos que Descartes tiene razón, se podría concluir que:
es fácil distinguir con certeza qué es real y qué no lo es.
no hay un criterio definitivo para saber qué es real y qué es fantasía.
cuando se cree estar despierto se enfrenta la realidad y no la fantasía.
hay que asegurarse de estar dormido para conocer la realidad.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Uno de los escenarios donde empezó a codearse el vallenato con la música que escuchaba y bailaba la burguesía valses, mazurcas, canciones napolitanas– fue el de las colitas. Era este el nombre que recibían las ‘colas’ o finales de fiesta de la clase adinerada: bodas, bautizos, cumpleaños, festejos religiosos… Durante el sarao, mientras los señores se divertían con la música europea que interpretaba una precaria orquesta provinciana, los trabajadores pasaban la fiesta en la cocina y los galpones a punta de acordeón, guacharaca y caja. Despachada la orquesta, los de atrás eran invitados a pasar adelante, y patrones y vaqueros se sentaban a tomar y cantar juntos. Se ha discutido acerca del papel que cumplieron las colitas en esta historia. Algunos dicen que estos remates de fiesta fueron el pabellón de maternidad del vallenato, pues combinaron ritmos europeos y nativos: entre ambos dieron a luz los aires vallenatos. “Las colitas son el ancestro directo del vallenato moderno”, afirma López Michelsen.
Pero parece más acertado pensar que las colitas no ayudaron a formar el género, sino a divulgarlo. Para empezar, esta clase de fiestas improvisadas no se conocieron en toda la región, sino tan sólo en la zona del Valle de Upar. En El Paso no hubo colitas. En muchos lugares del río tampoco. Y, por otra parte, los historiadores indican que las colitas surgieron a comienzos del siglo XX, cuando ya el vallenato había empezado a coger ritmo con el trío del instrumental clásico. En cambio, las piquerias y retos sí constituyeron desde el principio uno de los más efectivos moldes de creación, propagación y desarrollo del vallenato. La leyenda de Francisco el Hombre habla de su desafío con el diablo, a quien únicamente logra derrotar cuando le canta el Credo al revés. Los grandes acordeoneros viajaban durante días para acudir a piquerias, concertadas de antemano o a través de recados, como lo atestigua ‘La gota fría’: “Acordate Moralitos de aquel día / que estuviste en Urumita/y no quisiste hacer parada”.
Tomado de: Samper, D. y Tafur M. (1997). 100 años de vallenato. Bogotá: MTM Ediciones.
RESPONDA LA PREGUNTA DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN

¿En cuál de los siguientes contextos se inscribe mejor la caricatura?
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Nadie es justo por voluntad sino porque no tiene el poder de cometer injusticias. Esto lo per-
cibiremos mejor si nos imaginamos las cosas del siguiente modo: demos tanto al justo como al
injusto el poder de hacer lo que cada uno de ellos quiere, y a continuación sigámoslos para ob-
servar hasta dónde lo lleva a cada uno el deseo. Entonces sorprenderemos al justo tomando el
mismo camino que el injusto, siguiendo sus propios intereses, lo que toda criatura persigue por
naturaleza como un bien, pero que la fuerza de la ley obliga a seguir el camino del respeto por
la igualdad.
El poder del que hablo sería efectivo al máximo si aquellos hombres adquirieran una fuerza tal co-
mo la que se dice que cierta vez tuvo Giges, el antepasado del lidio. Giges era un pastor que servía
al entonces rey de Lidia. Un día sobrevino una gran tormenta y un terremoto que rasgó la tierra y pro-
dujo un abismo en el lugar en que Giges llevaba el ganado a pastorear. Asombrado al ver esto, des-
cendió al abismo y halló, entre otras maravillas que narran los mitos, un caballo de bronce, hueco y
con ventanillas, a través de las cuales divisó adentro un cadáver de tamaño más grande que el de un
hombre, según parecía, y que no tenía nada excepto un anillo de oro en la mano. Giges le quitó el ani-
llo y salió del abismo. Ahora bien, los pastores hacían su reunión habitual para dar al rey el informe
mensual concerniente a la hacienda, cuando llegó Giges llevando el anillo. Tras sentarse entre los de-
más, casualmente volvió el engaste del anillo hacia el interior de su mano. Al suceder esto se tornó
invisible para los que estaban sentados allí, quienes se pusieron a hablar de él como si se hubiera ido.
Giges se asombró, y luego, examinando el anillo, dio vuelta al engaste hacia afuera y tornó a hacerse
visible. Al advertirlo, experimentó con el anillo para ver si tenía tal propiedad, y comprobó que así era:
cuando giraba el engaste hacia adentro, su dueño se hacía invisible, y cuando lo giraba hacia afuera,
se hacía visible. En cuanto se hubo cerciorado de ello, maquinó el modo de formar parte de los que
fueron a la residencia del rey como informantes y, una vez allí, sedujo a la reina y con ayuda de ella
mató al rey y se apoderó del reino.
Por consiguiente, si hubiesen dos anillos como el de Giges y se diera uno a un hombre justo y
otro a uno injusto, ninguno perseveraría en la justicia ni soportaría abstenerse de bienes ajenos,
cuando podría tanto apoderarse impunemente de lo que quisiera del mercado, como, al entrar en las
casas, acostarse con la mujer que prefiriera, y tanto matar a unos como librar de las cadenas a otros,
según su voluntad, y hacer todo como si fuera igual a un dios entre los hombres. En esto, el hombre
justo no haría nada diferente del injusto, sino que ambos marcharían por el mismo camino. E incluso
se diría que esto es una importante prueba de que nadie es justo si no es forzado a serlo, por no con-
siderarse a la justicia como un bien individual, ya que allí donde cada uno se cree capaz de cometer
injusticias, las comete. En efecto, todo hombre piensa que la injusticia le brinda más ventajas indivi-
duales que la justicia, y está en lo cierto, si habla de acuerdo con esta teoría.
Tomado de: Platón IV, D. (1986). República, Traducción y notas de C. Eggers Lan, Madrid, Gredos.
¿Cuál de las siguientes afirmaciones sintetiza adecuadamente las ideas contenidas en el primer párrafo?
El que alguien sea justo es un deber que se deriva de la conciencia moral que tienen todos los hombres.
El que alguien sea justo resulta de una imposición, pues toda persona sin las restricciones y exigencias de la ley buscará satisfacer sus deseos.
La justicia es una ilusión, ya que lo natural es que una persona busque cumplir sus deseos y alcanzar sus intereses, sin reparar en la igualdad que exige la ley.
La justicia es un ideal inalcanzable, ya que toda persona, por más justa que aparente ser, tiene intereses propios que pueden llevarla a cometer injusticias.
LA NOVELA POLICIAL Y LA POLÉMICA DE ELITISMO Y COMERCIALISMO
Me parece que no es preciso demostrar que la novela policial es popular, porque esa popularidad es tan flagrante que no requiere demostración. Para explicarla - aquellos que niegan al género su significación artística - se fundan en la evidencia de que la novela policial ha sido y es uno de los productos predilectos de la llamada "cultura de masas", propia de la moderna sociedad capitalista.
La popularidad de la novela policial sería, entonces, sólo un resultado de la manipulación del gusto, sólo el fruto de su homogeneización mediante la reiteración de esquemas seudoartísticos, fácilmen- te asimilables, y desprovistos, claro, de verdadera significación gnoseológica y estética; sazonados, además, con un puñado de ingredientes de mala ley: violencia, morbo, pornografía, etcétera, pro- ductos que se cargan, casi siempre, de mixtificaciones y perversiones ideológicas, tendientes a la afirmación del estatus burgués y a combatir las ideas revolucionarias y progresistas del modo más burdo e impúdico.
Pero hay que decir que ello constituye no sólo una manipulación del gusto en general, sino tam- bién una manipulación de la propia novela policial, de sus válidas y legítimas manifestaciones, una prostitución de sus mecanismos expresivos y sus temas. Los auténticos conformadores del género policial (no hay que olvidarlo) fueron artistas de la talla de Edgar Allan Poe y Wilkie Collins. Y desde sus orígenes hasta nuestros días, el género ha producido una buena porción de obras maestras.
Tomado de "La novela policial y la polémica del elitismo y comercialismo". En: Ensayos Voluntarios, Rodríguez Rivera, Guillermo.
La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984.
En el texto, la referencia a: “...una manipulación de la propia novela policial...”, está relacionada con
LA NOVELA POLICIAL Y LA POLÉMICA DE ELITISMO Y COMERCIALISMO
Me parece que no es preciso demostrar que la novela policial es popular, porque esa popularidad es tan flagrante que no requiere demostración. Para explicarla - aquellos que niegan al género su significación artística - se fundan en la evidencia de que la novela policial ha sido y es uno de los productos predilectos de la llamada "cultura de masas", propia de la moderna sociedad capitalista.
La popularidad de la novela policial sería, entonces, sólo un resultado de la manipulación del gusto, sólo el fruto de su homogeneización mediante la reiteración de esquemas seudoartísticos, fácilmen- te asimilables, y desprovistos, claro, de verdadera significación gnoseológica y estética; sazonados, además, con un puñado de ingredientes de mala ley: violencia, morbo, pornografía, etcétera, pro- ductos que se cargan, casi siempre, de mixtificaciones y perversiones ideológicas, tendientes a la afirmación del estatus burgués y a combatir las ideas revolucionarias y progresistas del modo más burdo e impúdico.
Pero hay que decir que ello constituye no sólo una manipulación del gusto en general, sino tam- bién una manipulación de la propia novela policial, de sus válidas y legítimas manifestaciones, una prostitución de sus mecanismos expresivos y sus temas. Los auténticos conformadores del género policial (no hay que olvidarlo) fueron artistas de la talla de Edgar Allan Poe y Wilkie Collins. Y desde sus orígenes hasta nuestros días, el género ha producido una buena porción de obras maestras.
Tomado de "La novela policial y la polémica del elitismo y comercialismo". En: Ensayos Voluntarios, Rodríguez Rivera, Guillermo.
La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984.
El tema del texto anterior es:
RESPONDA LAS PREGUNTAS ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Nadie es justo por voluntad, sino porque no tiene el poder de cometer injusticias. Esto lo percibiremos
mejor si nos imaginamos las cosas del siguiente modo: demos tanto al justo como al injusto el poder
de hacer lo que cada uno de ellos quiere, y a continuación sigámoslos para observar hasta dónde lo
lleva a cada uno el deseo. Entonces, sorprenderemos al justo tomando el mismo camino que el
injusto, siguiendo sus propios intereses, lo que toda criatura persigue por naturaleza como un bien,
pero que la fuerza de la ley obliga a abandonar para seguir el camino del respeto por la igualdad.
El poder del que hablo sería efectivo al máximo si aquellos hombres adquirieran una fuerza tal como
la que se dice que cierta vez tuvo Giges, el antepasado del lidio. Giges era un pastor que servía al
entonces rey de Lidia. Un día sobrevino una gran tormenta y un terremoto que rasgó la tierra y
produjo un abismo en el lugar en que Giges llevaba el ganado a pastorear. Asombrado al ver esto,
descendió al abismo y halló, entre otras maravillas que narran los mitos, un caballo de bronce, hueco
y con ventanillas, a través de las cuales divisó adentro un cadáver de tamaño más grande que el de
un hombre, según parecía, y que no tenía nada, excepto un anillo de oro en la mano. Giges le quitó el
anillo y salió del abismo. Ahora bien, los pastores hacían su reunión habitual para dar al rey el informe
mensual concerniente a la hacienda, cuando llegó Giges llevando el anillo. Tras sentarse entre los
demás, casualmente volvió el engaste del anillo hacia el interior de su mano. Al suceder esto, se tornó
invisible para los que estaban sentados allí, quienes se pusieron a hablar de él como si se hubiera ido.
Giges se asombró, y luego, examinando el anillo, dio vuelta al engaste hacia afuera y tornó a hacerse
visible. Al advertirlo, experimentó con el anillo para ver si tenía tal propiedad, y comprobó que así era:
cuando giraba el engaste hacia adentro, su dueño se hacía invisible, y cuando lo giraba hacia afuera,
se hacía visible. En cuanto se hubo cerciorado de ello, maquinó el modo de formar parte de los que
fueron a la residencia del rey como informantes y, una vez allí, sedujo a la reina y, con ayuda de ella,
mató al rey y se apoderó del reino.
Por consiguiente, si existieran dos anillos como el de Giges y se diera uno a un hombre justo y otro a
uno injusto, ninguno perseveraría en la justicia ni soportaría abstenerse de bienes ajenos, cuando
podría tanto apoderarse impunemente de lo que quisiera del mercado, como, al entrar en las casas,
acostarse con la mujer que prefiriera, y tanto matar a unos como librar de las cadenas a otros, según
su voluntad, y hacer todo como si fuera igual a un dios entre los hombres. En esto, el hombre justo
no tendría nada de diferente del injusto, sino que ambos marcharían por el mismo camino. E incluso,
se diría que esto es una importante prueba de que nadie es justo, si no es forzado a serlo, por no
considerarse a la justicia como un bien individual, ya que allí donde cada uno se cree capaz de cometer
injusticias, las comete. En efecto, todo hombre piensa que la injusticia le brinda más ventajas
individuales que la justicia, y está en lo cierto, si habla de acuerdo con esta teoría.
Tomado de: Platón IV, D. (1986). República, Traducción y notas de C. Eggers Lan, Madrid, Gredos.
¿Qué se cuestiona, especialmente, en el cuento?.
La discriminación.
La pobreza.
La aparente sabiduría.
La inconsciencia.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
1984 es una novela futurista que tiene lugar en una sociedad totalitaria. Los ciudadanos de esta sociedad son controlados por una figura omnipresente conocida como el Gran Hermano. En el siguiente apartado, un miembro defensor del orden le explica al protagonista el principal propósito del régimen.
No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente.
Tomado de: Orwell, George. 1984. Barcelona: Ediciones Destino. 2008.
Identifica la tesis del texto.
En la actualidad, inculcar el gusto por la lectura es una tarea ardua, teniendo en cuenta los avances de la tecnología que cada día proveen de más y mejores recursos para este propósito, como los audiolibros que permiten escuchar gran variedad de textos literarios y de contenido científico; sin embargo, restan la posibilidad de compartir experiencias, sobre todo el contacto humano que se establece entre el lector y el oyente, y, desde luego, la apropiación particular del contenido impreso que cambia de persona a persona, debido a la individualidad que nos caracteriza, que nos hace únicos. Me refiero a la relación emisor-lector. El bibliotecario adquiere singular importancia porque, al conocer a los usuarios de este servicio, está en posibilidad de proponer y promover, con el auspicio de universidades, ONG, entidades estatales y particulares, el acercamiento y contacto con escritores nacionales y extranjeros. De esta maneras e asegura el nacimiento de lectores con perspectivas sensibles en torno a la realidad, al tiempo que permite a estos un acercamiento profundo al pensamiento, a las costumbres, a las tradiciones y a los hábitos del otro.
Audiolibros, un recurso tecnológico para los lectores
Los bibliotecarios llevan el registro de todos los libros
La lectura en la biblioteca pública es productiva
El rol fundamental del bibliotecario frente a la lectura
LA NOVELA POLICIAL Y LA POLÉMICA DE ELITISMO Y COMERCIALISMO
Me parece que no es preciso demostrar que la novela policial es popular, porque esa popularidad es tan flagrante que no requiere demostración. Para explicarla - aquellos que niegan al género su significación artística - se fundan en la evidencia de que la novela policial ha sido y es uno de los productos predilectos de la llamada "cultura de masas", propia de la moderna sociedad capitalista.
La popularidad de la novela policial sería, entonces, sólo un resultado de la manipulación del gusto, sólo el fruto de su homogeneización mediante la reiteración de esquemas seudoartísticos, fácilmen- te asimilables, y desprovistos, claro, de verdadera significación gnoseológica y estética; sazonados, además, con un puñado de ingredientes de mala ley: violencia, morbo, pornografía, etcétera, pro- ductos que se cargan, casi siempre, de mixtificaciones y perversiones ideológicas, tendientes a la afirmación del estatus burgués y a combatir las ideas revolucionarias y progresistas del modo más burdo e impúdico.
Pero hay que decir que ello constituye no sólo una manipulación del gusto en general, sino tam- bién una manipulación de la propia novela policial, de sus válidas y legítimas manifestaciones, una prostitución de sus mecanismos expresivos y sus temas. Los auténticos conformadores del género policial (no hay que olvidarlo) fueron artistas de la talla de Edgar Allan Poe y Wilkie Collins. Y desde sus orígenes hasta nuestros días, el género ha producido una buena porción de obras maestras.
Tomado de "La novela policial y la polémica del elitismo y comercialismo". En: Ensayos Voluntarios, Rodríguez Rivera, Guillermo.
La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1984.
Lee el texto de la imagen y responde las siguientes preguntas:
En el texto, con la expresión “...no es preciso demostrar que la novela policial es popular...” se quiere decir que
RESPONDA LA PREGUNTA DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN

¿Cuál de los siguientes enunciados se contradice con la tesis central del texto?
RESPONDA LAS PREGUNTAS ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
A mucha gente le gusta ver en los cuadros lo que también le gustaría ver en la realidad. Se trata de una preferencia perfectamente comprensible. A todos nos atrae lo bello en la naturaleza y agradecemos a los artistas que lo recojan en sus obras. Esos mismos artistas no nos censurarían por nuestros gustos. Cuando el gran artista flamenco Rubens dibujó a su hijo, estaba orgulloso de sus agradables
acciones y deseaba que también nosotros admiráramos al pequeño. Pero esta inclinación a los temas bonitos y atractivos puede convertirse en nociva si nos conduce a rechazar obras que representan asuntos menos agradables. El gran pintor alemán Alberto Durero seguramente dibujó a su madre con tanta devoción y cariño como Rubens a su hijo. Su verista estudio de la vejez y la decrepitud
puede producirnos tan viva impresión que nos haga apartar los ojos de él y, sin embargo, si reaccionamos contra esta primera aversión, quedaremos recompensados con creces, pues el dibujo de Durero, en su tremenda sinceridad, es una gran obra. En efecto, de pronto
descubrimos que la hermosura de un cuadro no reside realmente en la belleza de su tema. No sé si los golfillos que el pintor español Murillo se complacía en pintar eran estrictamente bellos o no, pero tal como fueron pintados por él, poseen desde luego gran encanto.
Tomado de: Gombrich, E. H. (2003). La historia del arte. Madrid: Random House Mondadori.
En el texto, el autor hace referencia a Rubens para mostrar que
a todos nos atrae lo bello y, por fortuna, el arte lo recoge en la pintura.
el público siempre exige que el artista refleje la realidad en los cuadros.
algunos artistas plasman en sus obras lo que nos gusta ver en la realidad.
la inclinación en el arte por los temas bonitos y atractivos es bastante.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
En nuestra sociedad, se tiende a pensar que el matrimonio, la base de la familia, se sostiene si hay confianza mutua y buena comunicación, así como si ambos miembros de la pareja trabajan unidos para resolver los conflictos y pasan tiempo juntos. En resumen, su piedra angular es un amor maduro y sincero. No obstante, la idea de que este deba ser la razón última del enlace es bastante reciente: aparece en el siglo XVIII y se afianza en el XIX, con el movimiento romántico. Hasta entonces, el matrimonio era ante todo una institución económica y política demasiado trascendente como para dejarla en manos de los dos individuos implicados. En general, resultaba inconcebible que semejante acuerdo se basara en algo tan irracional como el enamoramiento. De hecho, no se inventó ni para que los hombres protegieran a las mujeres ni para que las explotaran. Se trataba de una alianza entre grupos que iba más allá de los familiares más cercanos o incluso los pequeños grupos.
Para las élites, era una manera excelente de consolidar la riqueza, fusionar recursos y forjar uniones políticas. Desde la Edad Media, la dote de boda de la mujer constituía el mayor ingreso de dinero, bienes o tierras que un hombre iba a recibir en toda su vida. Para los más pobres, también suponía una transacción económica que debía ser beneficiosa para la familia. Así, se solía casar al hijo con la hija de quien tenía un campo colindante. El matrimonio se convirtió en la estructura que garantizaba la supervivencia de la familia extendida, que incluye abuelos, hermanos, sobrinos… Al contrario de lo que solemos creer, la imagen del marido trabajando fuera de la casa y la mujer haciéndose cargo de la misma es un producto reciente, de los años 50. Hasta entonces, la familia no se sostenía con un único proveedor, sino que todos sus integrantes contribuían al único negocio de la que esta dependía.
Que el matrimonio no se basara en el amor no quiere decir que las personas no se enamoraran. Sin embargo, en algunas culturas se trata de algo incompatible con el matrimonio. En la China tradicional, por ejemplo, una atracción excesiva entre los esposos era tenida como una amenaza al respeto y solidaridad debida a la familia. Es más, en tal ambiente, la palabra amor solo se aplicaba para describir las relaciones ilícitas. Fue en la década de 1920 cuando se inventó un término para designar el cariño
entre cónyuges. Una idea tan radicalmente nueva exigía un vocabulario especial.
Aún hoy, muchas sociedades desaprueban la idea de que el amor sea el centro del matrimonio. Es el caso de los fulbes africanos, del norte de Camerún. “Muchas de sus mujeres niegan vehementemente cualquier apego hacia el marido”, asegura Helen A. Regis, del Departamento de Geografía y Antropología de la Universidad Estatal de Luisiana. Otras, en cambio, aprueban el amor entre esposos, pero nunca antes de que el matrimonio haya cumplido su objetivo primordial.
Adaptado de: Sabadell, Miguel Ángel (2013). “Líos de familias”. En: Muy Interesante, No. 384, pp. 72-76.
RESPONDA LAS PREGUNTAS DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Nadie es justo por voluntad sino porque no tiene el poder de cometer injusticias. Esto lo percibiremos mejor si nos imaginamos las cosas del siguiente modo: demos tanto al justo como al injusto el poder de hacer lo que cada uno de ellos quiere, y a continuación sigámoslos para observar hasta dónde lo lleva a cada uno el deseo. Entonces sorprenderemos al justo tomando el mismo camino que el injusto, siguiendo sus propios intereses, lo que toda criatura persigue por naturaleza como un bien, pero que
la fuerza de la ley obliga a seguir el camino del respeto por la igualdad.
El poder del que hablo sería efectivo al máximo si aquellos hombres adquirieran una fuerza tal como la que se dice que cierta vez tuvo Giges, el antepasado del lidio. Giges era un pastor que servía al entonces rey de Lidia. Un día sobrevino una gran tormenta y un terremoto que rasgó la tierra y produjo un abismo en el lugar en que Giges llevaba el ganado a pastorear. Asombrado al ver esto, descendió al abismo y halló, entre otras maravillas que narran los mitos, un caballo de bronce, hueco y con ventanillas, a través de las cuales divisó adentro un cadáver de tamaño más grande que el de un hombre, según parecía, y que no tenía nada excepto un anillo de oro en la mano. Giges le quitó el anillo y salió del abismo. Ahora bien, los pastores hacían su reunión habitual para dar al rey el informe mensual concerniente a la hacienda, cuando llegó Giges llevando el anillo. Tras sentarse entre los demás, casualmente volvió el engaste del anillo hacia el interior de su mano. Al suceder esto se tornó invisible para los que estaban sentados allí, quienes se pusieron a hablar de él como si se hubiera ido. Giges se asombró, y luego, examinando el anillo, dio vuelta al engaste hacia afuera y tornó a hacerse visible. Al advertirlo, experimentó con el anillo para ver si tenía tal propiedad, y comprobó que así era: cuando giraba el engaste hacia adentro, su dueño se hacía invisible, y cuando lo giraba hacia afuera, se hacía visible. En cuanto se hubo cerciorado de ello, maquinó el modo de formar parte de los que fueron a la residencia del rey como informantes y, una vez allí, sedujo a la reina y con ayuda de ella mató al rey y se apoderó del reino.
Por consiguiente, si hubiese dos anillos como el de Giges y se diera uno a un hombre justo y otro a uno injusto, ninguno perseveraría en la justicia ni soportaría abstenerse de bienes ajenos, cuando podría tanto apoderarse impunemente de lo que quisiera del mercado, como, al entrar en las casas, acostarse con la mujer que prefiriera, y tanto matar a unos como librar de las cadenas a otros, según su voluntad, y hacer todo como si fuera igual a un dios entre los hombres. En esto, el hombre justo no haría nada diferente del injusto, sino que ambos marcharían por el mismo camino. E incluso se diría que esto es una importante prueba de que nadie es justo si no es forzado a serlo, por no considerarse a la justicia como un bien individual, ya que allí donde cada uno se cree capaz de cometer injusticias, las comete. En efecto, todo hombre piensa que la injusticia le brinda más ventajas individuales que la justicia, y está en lo cierto, si habla de acuerdo con esta teoría.
Tomado de: Platón IV, D. (1986). República, Traducción y notas de C. Eggers Lan, Madrid, Gredos
Los mejores puntajes del mes